ALSE - España y la Guerra
Durante los primeros días del mes de agosto de 1914, poco después de que comenzaran los primeros movimientos de tropas y las primeras batallas, los ciudadanos de los países que no participaban en la guerra, y que se encontraban viviendo y trabajando en los países beligerantes, se encontraron ante gravísimas dificultades: algunos fueron desplazados de los lugares cercanos a los escenarios de lucha, otros perdieron sus empleos a consecuencia del terremoto que desencadenó la guerra en los sectores productivos –mayoritariamente en la agricultura y en la industria–, o sencillamente, sintieron miedo por permanecer en un lugar donde la guerra podía llegar fácilmente.
Un número muy elevado de ciudadanos españoles se encontraba viviendo y trabajando en Francia, Bélgica o Alemania cuando la guerra estalló. La mayor parte eran familias de obreros o campesinos, cuyas cabezas de familia trabajaban en el campo o en la industria minera, u hombres jóvenes que habían salido de España para evitar el servicio militar en Marruecos1. En pocos días, casi todos ellos perdieron su sustento. En Francia, lugar que acogía a la mayor parte de los emigrantes, la situación se tornó en crítica para ellos. Coincidiendo además con el asedio alemán a la ciudad belga de Lieja, con la consiguiente incertidumbre de si la guerra avanzaría hasta las ciudades donde ellos se encontraban, decidieron, de forma masiva, regresar a España.
A España llegó muy pronto la onda expansiva que generó el comienzo de los combates en Europa. Las exportaciones cesaron repentinamente, y muchos sectores, dependientes plenamente de éstas, sufrieron un golpe irreparable. La crisis se agudizó, repentinamente, cuando los miles de españoles que huían de la guerra comenzaron a alcanzar las fronteras2. Muchos de ellos ya habían gastado todos sus recursos económicos. El día 6 de agosto de 1914, el gobierno y la prensa española se dieron cuenta de la magnitud del problema:
Muchos de aquellos españoles quedaron atrapados en la ciudad condal. El Gobierno Civil, según relatan las crónicas del momento, se vio desbordado ante aquella situación. Incluso tuvo que ordenar la puesta en libertad de todos aquellos que, víctimas de la falta de dinero, intentaron entrar irregularmente en los trenes que salían de Barcelona y fueron detenidos en su intento4.
Un número muy elevado de ciudadanos españoles se encontraba viviendo y trabajando en Francia, Bélgica o Alemania cuando la guerra estalló. La mayor parte eran familias de obreros o campesinos, cuyas cabezas de familia trabajaban en el campo o en la industria minera, u hombres jóvenes que habían salido de España para evitar el servicio militar en Marruecos1. En pocos días, casi todos ellos perdieron su sustento. En Francia, lugar que acogía a la mayor parte de los emigrantes, la situación se tornó en crítica para ellos. Coincidiendo además con el asedio alemán a la ciudad belga de Lieja, con la consiguiente incertidumbre de si la guerra avanzaría hasta las ciudades donde ellos se encontraban, decidieron, de forma masiva, regresar a España.
A España llegó muy pronto la onda expansiva que generó el comienzo de los combates en Europa. Las exportaciones cesaron repentinamente, y muchos sectores, dependientes plenamente de éstas, sufrieron un golpe irreparable. La crisis se agudizó, repentinamente, cuando los miles de españoles que huían de la guerra comenzaron a alcanzar las fronteras2. Muchos de ellos ya habían gastado todos sus recursos económicos. El día 6 de agosto de 1914, el gobierno y la prensa española se dieron cuenta de la magnitud del problema:
BARCELONA. Sigue preocupando hondamente á las autoridades lo de las caravanas de obreros españoles que regresan de Francia. Los alrededores de las estaciones parecen aduares. Los pobres jornaleros duermen sobre sus modestísimos equipajes o forman grandes grupos, que se estacionan dificultando el tránsito. El problema de momento es ver el modo de poder marchar á sus casas. De los que llegaron en el día de ayer, que fueron 5.000, como ya dije, hoy quedan aquí cerca de 2.000, que no pueden marcharse por la absoluta falta de recursos. A las once y media ha salido de Port-Bou un tren con 46 vagones de viajeros. Llegará al anochecer. Todos los hoteles están atestados3.
Muchos de aquellos españoles quedaron atrapados en la ciudad condal. El Gobierno Civil, según relatan las crónicas del momento, se vio desbordado ante aquella situación. Incluso tuvo que ordenar la puesta en libertad de todos aquellos que, víctimas de la falta de dinero, intentaron entrar irregularmente en los trenes que salían de Barcelona y fueron detenidos en su intento4.
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Españoles regresados de Francia acampados en las calles de Barcelona. Año 1914 5 |